Aparte de iniciar la digestión de los alimentos, la saliva desempeña una función básica en el mantenimiento tanto de la salud como de la función oral. Gracias a su acción de lavado continuo (arrastre) de bacterias y de restos de alimentos, y a su contenido de sustancias de acción antimicrobiana, la saliva regula la acumulación de bacterias que pueden ocasionar irritación o inflamación de las encías, caries dental o halitosis (mal aliento). Además, el flujo salival protege y lubrifica la mucosa oral (facilitando la masticación, la deglución, el habla y la sensación gustativa), remineraliza los dientes y, por su capacidad tamponante, neutraliza la excesiva acidez bucal.
La disminución de la cantidad de saliva en la cavidad oral da lugar a la xerostomía (boca seca) y suele aparecer cuando el flujo salival desciende al 50% del normal en cada individuo. Puede producirse por múltiples causas: la vida moderna (estrés), el empleo de ciertos medicamentos (diuréticos, ansiolíticos, antidepresivos, antihistamínicos, antihipertensivos, etc.) y determinadas enfermedades (enfermedades reumáticas, ansiedad, depresión, etc.). La xerostomía es más frecuente en las personas mayores, ya sea por su mayor consumo de medicamentos o por su mayor susceptibilidad a padecer enfermedades. El consumo excesivo de tabaco o alcohol también puede dar lugar a una sensación de boca seca.
Cuando la saliva disminuye, se merma su cometido y como consecuencia se propicia la aparición de alteraciones en la salud bucodental (inflamación y sangrado de encías, caries, halitosis, úlceras, lengua áspera e inflamada, etc.) y se dificulta la funcionalidad de la cavidad oral (dificultad para hablar, masticar, tragar, apreciar sabores...).