La aterosclerosis es un proceso por el cual el colesterol circulante en la sangre se acumula en las capas más internas de la pared de las arterias y crea lo que se conoce como placas de ateroma. Con el paso del tiempo, el crecimiento de estas placas puede ocluir lo suficiente la luz de las arterias como para provocar una situación de isquemia, es decir, una falta de llegada de oxígeno al territorio afectado. En caso de que se crease una placa de ateroma en una arteria coronaria, se produciría una isquemia en el miocardio, que se manifiesta con lo que se conoce como “angina de pecho”.
La enfermedad arterial periférica consiste en la presencia de estas placas de ateroma principalmente en las arterias de las piernas. La isquemia que origina en los músculos al andar se manifiesta como un dolor que obliga al paciente a detenerse tras caminar cierta distancia. Esto es lo que se conoce como “claudicación intermitente”.
Por tanto, la claudicación intermitente es la manifestación clínica de la enfermedad arterial periférica, que frecuentemente coexiste con enfermedades coronarias o cerebrovasculares, ya que las causas que las originan son comunes.
La enfermedad arterial periférica es una patología infradiagnosticada. Una de cada 5 personas mayores de 65 años que acude a su médico padece esta enfermedad, pero solo uno de cada 10 pacientes presenta síntomas. La prevalencia de la enfermedad arterial periférica aumenta con la edad y es más frecuente en varones. Asimismo, existen diversos factores de riesgo que aumentan la probabilidad de padecerla, es decir, que son factores predisponentes: edad avanzada, tabaquismo, diabetes, hipertensión o sedentarismo.
Si nota dolor en la pierna o la pantorrilla después de andar cierta distancia y tiene necesidad de detenerse para recuperarse y poder seguir caminando, acuda a su médico. Este le confirmará si se trata o no de una claudicación intermitente y le proporcionará las recomendaciones oportunas.